martes, 27 de abril de 2010

Especialmente en abril
Joan Manuel Serrat

Especialmente en abril
se echa a la calle la vida.
Cicatrizan las heridas
y al corazón, como al sol,
se le alegra la mirada
y se abre paso entre las nubes.
Al paisaje se le suben
los colores a la cara.
Y apetece ir donde cubre
a nadar contra corriente.
En abril especialmente
–en Buenos Aires, octubre –.

Se ruega al señor «fulano de tal»
–dice la voz de la conciencia malherida–
que haga el favor de personarse
urgentemente en la salida.

Que el día más insospechado
y de cualquier manera,
en el lugar más imprevisto
se puede aparecer la primavera.

Especialmente en abril
la razón se indisciplina
y como una serpentina
se enmaraña por ahí.
Van buscando los rincones,
sofocadas, las parejas.
Hacen planes y se dejan
llevar por las emociones.
Sin atender, imprudentes,
el consejo de Neruda:
«que las nieves son más crudas
en abril, especialmente».

Se ruega al señor «fulano de tal»
–dice la voz de la conciencia malherida–
que haga el favor de personarse
urgentemente en la salida.

Que el día más insospechado
y de cualquier manera,
en el lugar más imprevisto
se puede aparecer la primavera.

Especialmente en abril...
Precisamente en abril, la persona que unos dieciséis años después se convertiría en mí conoció por primera vez a su padre. Cuando volvió a casa, escuchó esta canción y lloró. Ella pensaba que sus lágrimas eran de felicidad. Yo creo que eran de dolor.

viernes, 23 de abril de 2010

No puedo llenar el vacío de nadie.
Nadie puede llenar mi propio vacío.

sábado, 17 de abril de 2010

Sé que no cambiará mi pensamiento por el simple paso del tiempo.
Me aferro terca a mi inocencia, a la limpieza de mi mirada. No desaparecerán de mí. Me pertenecen. A pesar del miedo. A pesar de la grisura.
Si algo tengo, es la capacidad de apreciar la belleza. No voy a dejar de descubrirla.

Cuando alguien me alecciona, con superioridad, con amargura, sobre lo inevitable de la mediocridad; cuando me dicen con condescencencia ya cambiarás de opinión dentro de unos años, ya verás las cosas como realmente son cuando seas capaz de crecer, ya pondrás los pies en la tierra cuando la vida te obligue a ello; cuando auguran la desaparición de la grandeza, percibo la envidia, la rabia, el resquemor. No lo saben, pero es su herida quien habla. Han dejado de ver en color, de apreciar los matices, e intentan desesperadamente reclutar adeptos del blanco y negro, para que nadie pueda nunca volver a recordarles que se rindieron.

miércoles, 14 de abril de 2010

Llevo toda mi vida justificando algo injustificable

martes, 13 de abril de 2010

A pesar de haber coqueteado con más de un credo en toda mi vida -no tiene sentido negarlo, llegué muy lejos en alguna ocasión-, no creo en ningún dios, ni en infiernos o paraísos, ni en otras vidas que no sean esta, la mía, la tuya, la que transcurre hoy y desembocará irremediablemente en la muerte, en el vacío. Pero sí, tengo fe en algo -tampoco puedo negarlo, soy humana-. Mi única creencia constante, profunda, instintiva, diría que incluso visceral, es en el ser humano. Creo firmemente en la ilimitada capacidad del hombre para absolutamente todo. Creo sin ninguna duda que no hay nada que el hombre no pueda conseguir, que no hay excelencia que cada uno de los seres humanos no pueda alcanzar. Pero -siempre hay un pero, es inevitable- mi fe, como todas, es completamente ciega, irracional e incomprensible. Sí, puedo aportar pruebas, razones, algunas tan ínfimas como el arte y otras grandiosas, como una sonrisa desconocida, pero siempre serán equiparables a las evidencias en contra, que me niego a mencionar aquí -en los credos nunca ha habido democracia, ni objetividad, ¿por qué iba el mío a ser una excepción?-. Así que aquí estoy, como tantos otros, creyendo en algo que lo mismo es verdad o igual es una burda patraña.
Y toda esta confesión tan sólo para admitir que el ser humano cada vez me pone más difícil conservar mi fe.

domingo, 11 de abril de 2010

Ofrecimiento
Vicente Gallego

Aquí estás otra vez, Amor,
visita siempre inesperada,
endemoniado ángel de mís días;
aquí llegas de nuevo con tus alas traidoras
por cuyo torvo filo abandonan los hombres
su fe y sus pertenencias.

Funda tu extraño infierno irresistible
en el centro arrasado de mi casa,
y rompe el corazón de los que amo
mientras yo quemo incienso ante tu imagen.

Una vez más quisiera convertirme
en tu obediente siervo, y por lograrlo
me someto a tu imperio en cuerpo y alma.
Pídeme, si te place,
las más indignas pruebas, y contempla
cómo entierro con cal mi libertad,
cómo doy a los perros mis deberes.

Aquí tienes el mundo
que a mi medida alcé para pedirle amparo,
arráncame de él
y clávame en la cruz de tu capricho,
porque alcanzo a saber que no habré de gozarte
si no logro entregar, postrado, mi gobierno.

Caer quiero en tu tierra por merecer el yugo
de quien me hace sentir, mi voluntad quebrando,
el aliento más hondo del dolor,
que es el más hondo aliento de la vida.

Porque sé que no eres generoso,
ni constante, ni noble,
porque conozco bien, Amor,
tus bárbaras costumbres,
la ordalía insensata a que me emplazas,
te maldigo y te ofrezco, una vez más,
mi entusiasmo salvaje, mi voluntad rendida.

Siempre he pensado que, si yo hubiera escrito este poema, habría sustituido "Amor" por "Deseo", pero seguramente es porque, incluso en contra de mi voluntad, soy una romántica.

viernes, 9 de abril de 2010

La nostalgia más sabrosa es la de lo no vivido, pues es en parte nostalgia y en parte posibilidad.

martes, 6 de abril de 2010

Mi gato, por este orden, duerme, come, ronronea, juega y maúlla.
Mi gato nunca sale de casa y, cuando se escapa, sólo llega al descansillo del vecino.
Una de dos, o mi gato es feliz, o está bien jodido.

lunes, 5 de abril de 2010

Mujer, en tus labios entreabiertos
la lengua del amor pasea a sus anchas
En tus dientes afilados
mueren cada día la rabia y la soledad
En tu boca sensual
la masculinidad penetra
y se hace por fin masculina
Tu lengua, mujer
tiene el poder de callar
de lamer, de susurrar
de besar, de morder
de gritar
Tu boca se abre
y quisieras que la belleza espiral
entrase rauda a poblarla
Tu boca se cierra
y, aunque no quieras
dentro todo se quiebra
y fuera
fuera el mundo espera contenido
poder palpar de nuevo tu saliva