viernes, 23 de marzo de 2012

La vejez me perturba y me emociona de una manera que nunca conseguirá la muerte.

viernes, 9 de marzo de 2012

Siento caballos salvajes
galopando en una canción

lunes, 5 de marzo de 2012

Aviso: La entrada que viene a continuación forma parte de una iniciativa personal que consiste en llevar a cabo actos que normalmente no haría, por miedo, indecisión o pudor. En el contexto de este blog serían cosas como repetirme, ser demasiado personal (sí, más todavía), resultar deprimente o aburrida, escribir algo demasiado largo o que creo que no le interesará leer a nadie... El resultado es similar a la transcripción de algunas páginas de cualquier diario; en este caso, el mío.

Llevo semanas necesitando escribir, con ideas bailando en mi cabeza sin orden ni concierto. Pero parece que no me lo permito si no llega "el momento".
A ver cómo consigo entrelazar todo lo que bulle en mis tripas.
El universo está muy comunicativo conmigo últimamente. Lo ha intentado todo para que me dé cuenta de que quiere decirme algo: desde el clima, pasando por mi propio cuerpo y mis emociones, hasta las redes sociales e internet en general.
A ver, lluvia de ideas, para que no se me vayan: parálisis, miedo, cobardía, indecisión, actividad, futuro, presente, feminidad, esencia, amor, envidia, infravaloración, juicio, capacidades, instinto, pequeñas decisiones, creatividad, sueños.
Todo está conectado, de tal manera que la angustia que me produce el futuro -y, sobre todo, no encontrarme a mí misma en mi propia vida- se ve atenuada por pequeñas y simples decisiones como apuntarme a pilates o hacerme un tatuaje.
Tiene sentido. Trabajo en casa. Un apretón de trabajo puede significar para mí no salir de casa en varios días, ni siquiera a que me dé el aire. Además, por mi manera de ser, que tiende hacia la permanencia y la reproducción rutinaria de costumbres, esa situación suele desembocar en la evitación del movimiento; aunque todo mi ser clame por moverse, me quedo quieta.
De ahí que algo tan sencillo como apuntarme a una clase que implique movimiento físico dos veces a la semana sea un paso importante para mí.
Lo del tatuaje es harina de otro costal. Ha sido un deseo insatisfecho desde mis 16 años, prohibido por mi madre hasta que me independicé y retrasado por mí hasta hoy.
Es una constante para mí, un vicio, eso de posponer la realización de mis deseos (cuando sé cuáles son, normalmente no suelo tener ni idea).
Creo que nada de esto (ser sedentaria, miedosa, tranquila, "convencional", vaga...) tendría por qué ser un problema si ser así me hiciera feliz, pero sí es un problema. Por un doble motivo: todo ello me hace profundamente infeliz, me produce sentimientos de frustración e insatisfacción y hace que me juzgue muy duramente. Además, me hace preguntarme si yo soy así realmente. No puede ser, no quiero ser así y -me digo- si mi esencia fuera ésta, ¿por qué lo que me hace feliz está generalmente en el espectro opuesto de la realidad? Cuando salgo a la calle, casi invariablemente, miro al cielo y sonrío. Cuando tomo decisiones y las llevo a cabo, me siento orgullosa. Entonces, ¿cómo soy?, ¿quién soy?
Ahí está el centro de todo mi remolino: no me conozco, no sé quién soy y, cuando me defino, lo hago a través de la mirada ajena o en negativo: veo lo que no me gusta de mí, no me acepto.
Una canción del último disco de Extremoduro me tiene loca, "Si te vas". ¿Por qué? Me gustaría que hubiese sido compuesta para mí, desearía ser esa mujer.
"Se le nota en la voz, por dentro es de colores", ¡qué verso! Ojalá alguien viese eso en mí [Ojalá yo viese eso en mí] y además lo escribiera. Pero la persona más importante en toda esta cuestión (yo) no cree que eso sea posible. En mi imaginario yo no soy de colores, soy gris: el color más uniforme y aburrido y menos "colorido". Así me siento. Seguramente, si alguien se atreviera a conocerme y ver algo en mí que yo no encuentro, o no acepto, eso sólo supondría un breve empujón a mi ego (sabroso, eso seguro, pero transitorio). ¿Por qué? Mientras yo no comience a conocerme, sin juzgar, y acepte las luces y sombras de lo que soy, el mundo entero podría estar rendido ante mí y yo seguiría creyendo no merecer ni el menor de los afectos.
(Continuará)